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Franky Benett

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Franky Benett

Mensaje por Invitado el Miér Sep 08, 2010 12:12 am


.Gakuen Hetalia.

Registro personal.
Certificado por la asociación Mundial de la educación.


  • Nombre completo: Franky Benett
  • Sobrenombre: Frank, o el que normalmente usan sus mejores amigos, Yuu.
  • País al cual representa: Exeter - Inglaterra.
  • Edad: 16 años casi 17.
  • Curso: Primer año
  • Club: Club de Esgrima

Actitud mental:
No es muy habladora que digamos, pero si tiene algo que decir, aunque resulte ofensivo, lo dice sin miramientos. No le importa mucho lo que dicen los demás. Intenta mantener siempre un carácter un poco frío, pero a veces se suelta el pelo, por decirlo de alguna manera. Es bastante tranquila, y no le gusta mucho que cordinen su comportamiento ni su vida, y puede mostrarse rebelde en ocasiones. Su vocabulario puede pasar de relamente extenso y culto a uno soez.Tiene bastante paciencia y hacerla enfadar es una tarea difícil, no muestra muchas sonrisas.

Cuando está contenta, sonríe y esa sonrisa es muy difícil de borrar. Se vuelve un tantoinquieta y no deja de moverse de un lado a otro o juguetear con lo primero que pille. Suele ser más abierta de lo normal y se relaciona más con la gente, pero también se vuelve un poco descuidada. Todo le da igual, tan sólo quiere seguir disfrutando de su felicidad.

Cuando está enfadada, sus ojos normalmente inexpresivos echan chispas. Contesta de malas maneras y a gritos y se pasa la mayor parte del tiempo con los labios y los puños apretados junto con el ceño levemente fruncido. Suele liarse a golpes con lo primero que se le pase por delante, tanto si es un objeto como una persona. Lanza amenazas a diestro y siniestro y su lenguaje se vuelve completamente soez.

Cuando está triste se vuelve totalmente inexpresiva, no habla, no te mira, ni siquiera atiende a lo que le están diciendo. Está prácticamente en otro mundo. Sus movimientos nerviosos han parado en seco y su rostro se muestra más relajado de lo que normalmente está, como medio dormida. Pequeños suspiros habilidosos escapan de su interior, y la respiración es más costosa. Suele jugar al ajedrez en soledad.

.Cualidades físicas.


  • Estatura: 1'72 m.
  • Peso: 62 Kg.
  • Color de cabello: Negro azabache.
  • Color de ojos: Grises.
  • Tonalidad de piel: Blanca, bastante pálida.
  • Extras: Es de complexión delgada, pero bastante fuerte. Sus piernas son largas y estilizadas, de caderas estrechas, y un busto pequeño que normalmente oculta con su ropa. Posee una cicatriz diagonal en el brazo derecho que va desde el hombro hasta el codo. Su cara es entre ovalada y redonda. Labios finos, nariz redondeada y un poco ancha, ojos pequeños, un tanto rasgados y con largas pestañas, acompañados de unas cejas largas y finas. Su cabello es alborotado, dividio en mechones desiguales y ligramente levantado. Bastante corto y lacio, con dos grandes mechones hasta la base del cuello que tapan las orejas. En general tiene un cuerpo y una voz bastante neutro, por eso la suelen confundir con un chico. Aunque a ella no le molesta y le gusta seguirles la corriente, hasta que se descubre el pastel.

    Suele vestir con colores oscuros, sobre todo el negro, y sus ropajes son siempre anchos,haciendo que su feminidad pase desapercivida por completo. Sudaderas con capucha, baqueros anchos, chaquetas, camisas, corbatas, cadenas... etc.


Historial
:
¿Cuántas veces tengo que decir que no me gusta que se metan en mi vida? ¿De verdad es necesario que lo haga? *Suspira con pesadez* De acuerdo, si no hay más remedio. Pero no quiero interrupciones. Nací y crecí en Exeter, junto a una familia de clase baja: Un padre, una madre, un hermano mayor y un hermano pequeño. Yo en el medio, como el membrillo del bocadillo (Sí, chiste muy malo) No todo era felicidad, como algunos habréis pensado, familia con pocos recursos se mantiene unida y bla bla bla... Pues no. En mi familia se podría decir que éramos unos desconocidos, al menos por mi parte. Por mucho que me esforzaba no conseguía cambiar nada, sólo mis hermanos conseguían sacarme una sonrisa. Pues cierto era que recibía desprecio por parte de mis padres.

En primer lugar mi padre me odiaba ¿por qué? Porque según él "había ejendrado una abominación". Sí señores, a mi padre no le hacía gracia que fuera una mujer. Pero os preguntaréis ¿por qué, si ya tenía dos hermosos varones a su disposición? Lamento deciros que nunca lo comprenderé. Por otra parte, mi madre era un completo perro sumiso, y quería que yo siguiese sus pasos, por eso se enfada cada vez que daba opiniones completamente distintas y mis ataques de rebeldía. Mi hermanito pequeño me apreciaba bastante, era el único de la familia con el que podía tener una relación normal. Pero también se enfadaban con él por "No tratarme como es debido". Tsk, estúpidos. Mi hermano mayor, bueno, a veces me trataba bien, cuando nuestros padres no estaban presentes, pero sé que en el fondo lo hacía para quedar bien, lo veía en sus ojos. Aunque fueran falsas sus palabras, conseguían que me alegrara, ya que llevo toda la vida intentando cambiar a mi familia. Tratando de que mi madre deje de obedecer a todo lo que se le diga y que mi padre se sintiera orgulloso de mí a pesar de no ser un hombre.

Cierto es, que cambié de imagen radicalmente. Me obligaban a llevar el pelo largo, pero con unas tigeras lo arreglé todo y ahora tengo un peinado bastante original, o al menos en mi opinión. La ropa, bueno, era de mi madre cuando era joven e hice una hoguera con ellas y comencé a coger ropa de mi hermano que ya no usaba y estaba en su armario muerta del asco. Y por supuesto, las peleas y los desprecios aumentaron. Tenía 14 años cuando comencé todo esto, cuando terminé primero de secundaria. Ah, sí, se me olvidó decir que me cambié de instito. Ciertamente me venía muy bien, un cambio de look y un cambio de aires, perfecto para empezar desde cero.

Allí conocí a tres chicos la mar de majos, los cuales se convirtieron el mis tres mejores amigos: Miles, Damen y Steve, las mejores personas que jamás he conocido. Y claro, más discusiones con mis padres. "¡No puedes ser amiga de unos chicos, no está bien!"; "¡Serás zorra! ¿Ya te los has tirado?" Y bla bla bla... estupideces. Que conste que no me quedaba de brazos cruzados ante tales acusaciones. Se podría decir que jamás nos separábamos, ellos sí que eran mi verdadera familia. Hicimos varias escapadas de casa para pasar unos días alejados de todo en nuestro escondite secreto, situado en un descampado. Dios, esos sí que eran buenos tiempos, no podéis imaginar lo bien que me sentía con aquellos tres, éramos inseparables. Por lo visto Miles y Damen eran amigos de la infancia y conocieron a Steve nada más entrar en el instituto, y más adelante a mí. Perdón, me desvío del tema.

En tercer año comenzamos a practicar esgrima, bueno, oficialmente ellos, yo no podía porque "las chicas no deben hacer eso, no está bien". Sí, más estupideces, tsk. Pero ellos me enseñaron por su cuenta, incluso me llevaban a las clases, pero un día mi familia lo descubrió. El cielo anunciaba tormenta y desde fuera se podía observar como en mi casa estaban todas las luces apagadas. Me pareció bastante extraño, pero aún así entré. Saludé varias veces alzando la voz, para comprobar si había alguien, pero no recibí una respuesta. Me acerqué a la cocina buscando algo que comer, pero cuando encendí la luz pude observar a mi padre, de brazos cruzados, apoyado en la esquina de la mesa de madera y mirándome con una expresión de completo odio. Me paralicé, esa mirada no era como muchas otras. Se acercó con un paso firme y lento, me agarró por un hombro, me estampó contra la pared y comenzó a darme patadas mientras me insultaba a gritos. Ni de coña me iba a dejar apalear por ese gilipollas, y mucho menos sin luchar.

Agarré fuertemente la pierna con la que me pegaba y de un giro le hice caer al suelo. Con la ayuda de la pared comencé a ponerme en pie, pero mi padre rápidamente me agarró del tobillo y tiró de él, haciéndome caer, para después comenzar estrangularme y seguir insultándome a pleno pulmón. Desesperadamente intenté que apartara las manos de mi garganta, pero era inútil, tenía más fuerza que yo. Conseguí colar mi pierna y lanzarle lejos de mí de una patada en elestómago. Ahora sí que pude levantarme y alejarme de él, con algo de dificultad. De pronto se oyó un trueno y volví a tener a aquel hombre detrás de mí, intentando ahogarme de nuevo. Después de varios golpes, acabé con el labio partido y sangrando por una herida en la frente. Me agarré firmemente a la encimera, tratando de escapar de nuevo. Abrí el cajón de los cubiertos y saqué un cuchillo. De nuevo estaba junto a mí, con una sonrísa maníaca en la boca. De nuevo se oyó otro trueno que hizo que saltasen los plomos, quedándonos a oscuras.

Apreté fuertemente el mango del cuchillo, de nuevo volvía a quedarme sin oxígeno, y un grito desgarrador se oyó aquel día. Las luces volvieron y pude ver el cuchillo que momentos antes tenía en la mano, clavado en el ojo izquierdo de mi padre. La sangre tintaba las baldosas del suelo, y lo cierto es que yo sonreía de forma cínica. Salí corriendo de casa, con parte de mi ropa desgarrada y mi sangre seca sobre la cara. Llovía a cántaron aquel día. Agarré el móvil del bolsillo de mi sudadera y llamé a mis amigos, diciendo que fueran al descampado con sus tres espadas. Estaba completamente empapada, y nuestro espacio estaba cubierto de barro y charcos. Esperé su llegada sentada encima de los tres tubos cilíndricos apilados en pirámide que había en un lado, cuando les vi llegar. Parecían cansados y no llevaban paraguas, sólo sus tres fieles espadas.

Se acercaron a mí con preocupación al ver mi aspecto y Steve colocó su mano sobre la sangre seca de mi cara, la cual había estado saliendo por la herida de mi frente. Yo sólo alcé la vista para mirarle a la cara, con mi habitual expresión neutra. Me puse en pie, rompí la manga de mi sudadera, quedando así expuesto mi brazo desnudo, y lo subí hasta que quedó en posición horizontal. Les dije a mis amigos que juntaran sus tres espadas y me hicieran un corte en el brazo. Dudaron bastante a mis palabras, pero después de unos minutos de silencio accedieron a mi petición. Y con las tres hojas, formaron una sola que me dejó un corte desde el hombro hasta el codo. La sangre comenzó a salir a borbotones y yo caí de rodillas al suelo, sujetando mi brazo dañado, ahogando mis gritos de dolor. Me manché de barro, y la lluvia caía fuertemente sobre mí, ocasionando que multitud de escalofríos recorrieran mi espalda. ¿Por qué hice aquella petición? No estoy segura, puede que como pago por haberle clavado un cuchillo a mi padre en el ojo, o simplemente tener unidas las tres almas de mis amigos en un solo corte.

Les dije cláramente que se fueran inmediatamente de allí, pero no me hicieron caso. Rápidamente Damen llamó a una ambulancia, mientras que los otros dos me atendían, tratando de que mi emorragia se detubiera. Escondieron las espadas ensangrentadas entre unos arbustos y se fueron conmigo cuando los médicos llegaron. No pasé mucho tiempo en el hospital, pero me quedó una cicatriz bastante grande y por supuesto, no tengo miedo a mostrarla. Decidí no volver más a esa casa, ya no me importaban ninguna de las personas que allí habitaban, con excepción de mi hermanito, así que cuando se hizo la noche y todos dormían, volví a mi "hogar".

Con ayuda de las llaves que aún conservaba, entré. Sin hacer ningún ruido, subí hasta mi habitación. Todo estaba completamente como lo había dejado antes de la pelea con mi padre. Agarré una mochila, metí varias prendas de ropa y mis libros del instituto y salí de mi habitación para dirigirme a la de Chris, mi hermano menor. Era tan mono cuando dormía, arranqué una hoja de una de las libretas que había sobre su desordenado escritorio y le escribí una nota, la cual coloqué bajo su almohada. Él siempre miraba debajo del cojín cada mañana por si había alguna que otra moneda, a veces le dejaba una. Me coloqué la mochila a la espalda y me dirigí escaleras abajo, con el mismo sigilo que al entrar, salí de la casa cerrando la puerta tras de mí.

Comencé a vivir en casa de Miles, sus padres estaban de viaje de negocios y le habían dejado solo un mes entero. Como nos lo pasamos los cuatro en aquella casa, fueron los días más felices de mi vida. Lo bueno es que sus padres me dejaron quedarme a vivir con ellos a cambio del alquiler de la habitación de invitados, así que tuve que trabajar en una cafetería cerca del instituto. Tuve que mejorar mucho mis notas si quería seguir viviendo bajo su techo sin que se enteraran mis padres, los cuales no denunciaron mi desaparición. Sabía que en el fondo no les importaba lo más mínimo. Y entonces un día, llegó una carta que me anunciaba que había conseguido una beca para asistir a la Academia Gakuen Hetalia. Principalmente no quería asistir, ya que no quería separarme de mis amigos, pero ellos me animaron a ir, y gracias a ellos he acabado aquí.

Fotografías:
Spoiler:

Anexo:
- No hay ninguna falda en su armario, odia la ropa femenina.
- Pero bueno, ¿saben contar? Se han saltado la regla número 6
- Siempre lleva un pequeño ajedrez de bolsillo, por si se aburre.

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